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Autorretrato, una vez más

© COLECCIONES FUNDACIÓN MAPFRE

García-Alix, Alberto

León, 1956

“”Una forma de ver es una forma de ser. Ahí es donde trabajamos””. La voz de García-Alix es grave, bronca, como si en su timbre tratara de recordar, sílaba a sílaba, lo vivido.

Afortunadamente, en Alberto García-Alix, el fotógrafo ha sometido al personaje. García-Alix nació en León en 1956, y desde que se colgara una cámara al cuello, no volvió a dejarla caer. La fotografía llegó por accidente para quedarse a partir del momento en que sus padres, atendiendo a sus deseos, unas navidades le regalaron una cámara. Cuando se revisa el abundante material existente del artista (entrevistas en papel, vídeos, textos), determinadas premisas e ideas se repiten una y otra vez; tan sólo cambia el vigor o el matiz que las envuelve dependiendo del momento en que el fotógrafo habla. García-Alix es un fotógrafo de palabras con el discurso listo para disparar en el momento preciso: el encuentro y su magia, el trance que implica la fotografía, la comprensión que se exige del ser humano y de la realidad. La fotografía como documento, como contenedor de información, como huella y como memoria.

Su fotografía es necesaria para contar la historia de España y el artista ha sobrevivido a esa carga. Sin pretenderlo, sus imágenes relatan la crónica del despertar que sucedió a la dictadura, reflejan unas décadas esenciales para comprender quiénes somos, quiénes fuimos y lo que perdimos y ganamos por el camino. A lo largo de más de treinta y cinco años de carrera ha ampliado su campo de observación, desde su entorno más inmediato a un mundo exterior que en ocasiones, en su obra, aparece abstracto; ha crecido de lo literal e intenso a lo intuido para alcanzar el lirismo austero que sobrevuela sus últimas obras. El viaje realizado ha sido de fuera adentro, desde contar el mundo hasta contarse a sí mismo.

Una exposición de Walker Evans, y otra de August Sander, marcaron la mirada del joven de los ochenta que retrataba a amigos y conocidos sin saber que se volvería sobre esos retratos para contar la Historia. Sin embargo, el retrato es el ámbito íntimo y núcleo duro de gran parte de su trayectoria, en 2013, el artista afirmaba contundente: “”Siempre sigo haciendo retrato””. El retrato para García-Alix es el baile con el cómplice. La mirada siempre implica intención, y en el entorno del retrato, el fotografiado no es terreno hostil, sino pareja en un momento de conocimiento mutuo.

Entre 1989 y 1997 García-Alix se embarcó y embarcó a muchos de los amigos, conocidos, amantes y paseantes en El Canto de la Tripulación, una revista soñada y soñadora, libertaria, excesiva, enorme. En este tiempo afinó su mirada decidiendo sobre diseño, maquetación y contenidos: El Canto de la Tripulación fue el gran viaje que dirigió como capitán, viaje al que hoy podemos volver, como sobre sus imágenes, para saber cuáles eran los deseos y anhelos de toda una generación efervescente de artistas y fiesteros que rompieron con las reglas establecidas, como corresponde a todos los jóvenes.

Premio Nacional de Fotografía en 1999, Premio PHotoEspaña 2012 y Chevalier des Art et Lettres desde ese mismo año, su obra se encuentra en colecciones como la del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, el MUSAC, el ARTIUM, el CGAC y la Ordóñez-Falcón, así como en el Multimedia Art Museum de Moscú, el Fonds National d´Art Contemporain (París), el Speed Art Museum (EEUU), la Gundlanch Foundation (Alemania) y el Photo Museum of HAAG de Holanda. Comienza a exponer en Madrid en 1981 y, desde entonces, ya no parará. Trabajará realizando portadas de discos y revistas, reportajes y retratos; como comisario, como editor y como conferenciante; escribiendo, diseñando publicaciones e impartiendo talleres y seminarios. García-Alix nunca llegará a agotarse, aunque a veces baje el ritmo. En 2008, en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, realiza su gran retrospectiva hasta hoy, De donde no se vuelve, que viajará a China y a México. Investigará hasta llegar a la imagen en movimiento realizando vídeos y cortometrajes. La obra de García-Alix es documento de vida.

“Retraté mis posesiones, mis vicios y las esquinas de calles por las que me moví porque quería elevarlas a la altura de una épica. La vanidad del exceso, su gloria y sus heridas, condujeron mi mirada””, compartía el artista en Escondido en mi miedo, texto para el catálogo que acompañaba la exposición Alberto García-Alix. Autorretrato, realizada en La Virreina, Centre de la Imatge (Barcelona), en marzo de 2013.
““Mirar es vivir””, continúa el artista en el mismo texto.

La fotografía como segunda piel. La fotografía como método de conocimiento, aprendizaje y reconocimiento del otro; como tabla de salvación y como camino del exceso.
Al final, y siempre, la fotografía: el único compañero que nunca abandonó la nave.

Alteradas presencias

Alteradas presencias

García-Alix, Alberto

En los retratos de García-Alix encontramos una atmósfera de confianza y relajación, incluso en personajes de los que se podía esperar cierto distanciamiento y desafío. García-Alix se sumerge en un mundo personal que comparte con su familia, sus parejas, sus colegas o animales, y que incluye también estancias y objetos. Es fundamentalmente un retratista, incluso…

Testigos de un crimen

Testigos de un crimen

García-Alix, Alberto

En los retratos de García-Alix encontramos una atmósfera de confianza y relajación, incluso en personajes de los que se podía esperar cierto distanciamiento y desafío. García-Alix se sumerge en un mundo personal que comparte con su familia, sus parejas, sus colegas o animales, y que incluye también estancias y objetos. Es fundamentalmente un retratista, incluso…

Monólogo con un cuervo

Monólogo con un cuervo

García-Alix, Alberto

En los retratos de García-Alix encontramos una atmósfera de confianza y relajación, incluso en personajes de los que se podía esperar cierto distanciamiento y desafío. García-Alix se sumerge en un mundo personal que comparte con su familia, sus parejas, sus colegas o animales, y que incluye también estancias y objetos. Es fundamentalmente un retratista, incluso…

Virginia

Virginia

García-Alix, Alberto

En los retratos de García-Alix encontramos una atmósfera de confianza y relajación, incluso en personajes de los que se podía esperar cierto distanciamiento y desafío. García-Alix se sumerge en un mundo personal que comparte con su familia, sus parejas, sus colegas o animales, y que incluye también estancias y objetos. Es fundamentalmente un retratista, incluso…

Señor Stoneman (El Secretarío)

Señor Stoneman (El Secretario)

García-Alix, Alberto

En los retratos de García-Alix encontramos una atmósfera de confianza y relajación, incluso en personajes de los que se podía esperar cierto distanciamiento y desafío. García-Alix se sumerge en un mundo personal que comparte con su familia, sus parejas, sus colegas o animales, y que incluye también estancias y objetos. Es fundamentalmente un retratista, incluso…

El amo de la calle

El amo de la calle

García-Alix, Alberto

En los retratos de García-Alix encontramos una atmósfera de confianza y relajación, incluso en personajes de los que se podía esperar cierto distanciamiento y desafío. García-Alix se sumerge en un mundo personal que comparte con su familia, sus parejas, sus colegas o animales, y que incluye también estancias y objetos. Es fundamentalmente un retratista, incluso…

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