30/08/17 2 COMENTARIOS

Coleccionar, un ejercicio emocional y humano

Nacho Granero

Licenciado en Historia del Arte

Paul Strand

Exposición Retratos ©Colecciones Fundación MAPFRE
Sala Fundación MAPFRE Recoletos
De las obras: ©Aperture Foundation, Inc., Paul Strand Archive

Los seres humanos nacemos con una habilidad innata: la de coleccionar. No me quiero referir todavía a la capacidad que tienen algunas personas de atesorar objetos pertenecientes a ciertas temáticas, tengan estos cierto valor material o no. Aunque veamos cómo hay  mucha gente a nuestro alrededor guardando objetos de su interés, todos, sin excepción, somos en cierto modo coleccionistas de elementos inmateriales. Porque, ¿a qué todos los seres humanos vamos acumulando recuerdos y vivencias a lo largo de nuestra existencia? Gracias a la memoria nos vamos construyendo como personas y adquiriendo una personalidad definida; por otro lado, la evocación de los acontecimientos pasados nos ayuda a situar nuestra vida en relación al tiempo y al espacio de nuestro recorrido vital. Somos lo que vivimos entre los grandes hitos de nuestra memoria existencial.

Tomando como referencia este hecho vivencial, el de que cada uno de nosotros se puede explicar por su propia colección de recuerdos, quizá sea más fácil desgranar por qué nos gusta el coleccionismo de todo tipo de objetos. Estos se convierten en únicos a los ojos de su propietario porque, además de lo que valen económicamente y simbólicamente, se corresponden inevitablemente a un momento histórico definido y a un lugar concreto. A esta característica propia que tiene el objeto como perteneciente a un punto espacio-tiempo específico hay que sumar el valor personal e intransferible que la pieza de la colección tiene para su propietario. ¿Ha sido el primero de la colección? ¿Se ha adquirido en un momento importante para el futuro dueño? ¿Era la pieza que llevaba años buscando? De esta manera se explicaría la querencia casi irracional de algunas personas por alguna de las piezas que atesora y la dificultad de algunos coleccionistas de desprenderse de sus objetos.

Muchas veces la colección habla, literalmente, por la voz de su propietario, el cual sabe mejor que nadie cómo transmitir el sentido y el valor de los objetos atesorados. Con todo, las colecciones, nos gusten más o menos, van mucho más allá de la valoración de los objetos representados en ellas. Cada pieza que entra en la colección no sólo suma un nuevo registro dentro del conjunto, sino que crea nuevos diálogos entre las piezas, aportando nuevos valores. También se debe observar que con cada nueva adquisición una persona (o un grupo de personas a lo largo de varias generaciones) da un paso más  para conseguir una colección completa, aunque en la mayoría de los casos no se pueda definir claramente cuál es el punto en el que se debe acabar la compilación de obras.

En cuanto a las colecciones artísticas, a la singularidad de que la mayoría de las obras son piezas únicas, se deben añadir otros componentes emocionales. Estos son los estéticos, que son cambiantes según los gustos de cada época y la recuperación o el rechazo de ciertos estilos;  y la relación con el autor que produjo la creación artística, ya sea por la admiración a su persona, al aura que proporciona su firma o por el inigualable toque del maestro.

El coleccionismo de arte representa por tanto una relación con lo humano que pasamos por alto habitualmente. Es una afición que cada coleccionista extiende a lo largo de las décadas, en paralelo a la vida misma y que a veces condiciona los viajes, las vacaciones y las amistades de los compradores. El coleccionismo es un acto humano, en la que algunas personas viven para buscar y atesorar el trabajo artístico de otras personas destacadas por su creatividad. En definitiva, coleccionar puede convertirse en una actividad emocional con la que se señalizan diferentes momentos de la vida, utilizando para ello producciones artísticas que encajan con la personalidad del coleccionista y cada uno de sus momentos vitales.

julian zarauza dice:

Nacho, lo difícil en una colección es saber interpretarla y saber porque aqullas obras llegaron hasta allí.
Un saludo,
Julián

Maria Rocio Herrero Riquelme dice:

Ahondar en el origen de una colección es un proceso de investigación fascinante. Gracias, Julián


Acepto la política de privacidad


COMPARTIR Y DESCARGAR

  • Link
Nacho Granero

Nacho Granero

Licenciado en Historia del Arte en la Universidad de Santiago de Compostela. Cursó el Master en Comisariado en Arte y Nuevas Tecnologías de Esdi.

Redactor de contenidos y comunicador cultural, analiza la utilización de las redes sociales y el uso de las nuevas herramientas tecnológica s en las instituciones culturales en su blog, La Cultura Social.

Ha trabajado como responsable de las redes sociales en museos e instituciones españolas. También ha sido consultor de una nueva estrategia de Social Media de diferentes entidades culturales de la península.

Contacta con el autor: