22/11/17 10 COMENTARIOS

¿Para qué sirve el arte?

Nicola Mariani

Ignacio Zuloaga

Exposición Zuloaga en el París de la Belle Époque. 1889-1914
Sala Fundación MAPFRE Recoletos
De las obras: © Ignacio Zuloaga, VEGAP, Madrid, 2017

Preguntarse para qué sirve el arte implica aproximar el arte desde una perspectiva utilitarista, con la esperanza, explícita o implícita, que el arte nos pueda ayudar a satisfacer algún tipo de exigencia. Esto es: a resolver un problema. A dicha pregunta, el dandy Oscar Wilde (1854-1900) respondió alto y claro, con una sentencia granítica: «Todo arte es completamente inútil».

Estas cinco palabras, con las que el escritor irlandés cierra la introducción de El retrato de Dorian Gray (1890), sintetizan perfectamente el programa estético del Art for Art’s sake. El arte no tiene, según esta visión, ninguna finalidad práctica, puesto que se trataría de una actividad humana autónoma y gratuita (con un valor propio) totalmente separada del resto de los ámbitos sociales y de la época en que se produce.

En las antípodas de esta teoría (que podríamos definir como “negacionista” de la utilidad del arte) se encuentra la teoría de quienes, en cambio, establecen un vínculo entre lo estético y lo ético, lo bello y lo útil, atribuyendo al arte una función didáctica que justificaría su existencia. Si aproximamos el arte desde este planteamiento, entonces, es posible que concordemos con la tesis que propone hoy en día el escritor y divulgador cultural suizo Alain de Botton (1969). Su respuesta, al igual que la de Wilde, no deja lugar a dudas: el arte nos sirve para vivir mejor.

Hijo del gran coleccionista de arte Gilbert de Botton (quien fue un apasionado comprador de pinturas de Picasso; mecenas de artistas del siglo XX hoy en día celebradísimos como Lucien Freud y Francis Bacon; gran benefactor de la Tate Gallery y antiguo presidente de la Tate Gallery Foundation entre otras cosas), Alain de Botton es autor de varios libros de autoayuda, dedicados a temas como la filosofía, la cocina, la arquitectura, la literatura, el amor etc. En uno de sus últimos volúmenes, Art as Therapy (2013), escrito en colaboración con el filósofo británico John Armstrong, de Botton define el arte como una forma de terapia, de la que el hombre contemporáneo podría servirse para llevar mejor su mal de vivre. De Botton indica cinco motivos por los cuales el arte nos ayudaría a vivir mejor. Porque: a) nos haría optimistas; b) nos haría sentir menos solos; c) nos proporcionaría equilibrio (compensando nuestras carencias emocionales o psicológicas); d) nos ayudaría a valorar cosas que a menudo ignoramos; e) sería una forma de propaganda para las cosas verdaderamente importantes de la vida.

En realidad, la teoría utilitarista que propone Alain de Botton se podría considerar como una actualización esquemática (en clave personal coaching) de la concepción que ya había expresado William Morris (1834-1896): «La violencia, la falsedad y la injusticia del mundo tendrá sus consecuencias naturales, y nosotros y nuestras vidas somos partes de esas consecuencias. Pero puesto que heredamos también las consecuencias de la antigua resistencia a esas maldiciones, preocupémonos cada uno de compartir también una porción de esa herencia que, si nada más que eso se derivara de ella, al menos nos traerá valor y esperanza; esto es una vida llena de entusiasmo mientras vivamos, que es por encima de todo el fin último del Arte». (Arte y Artesanía, 1888). Proporcionarnos una vida llena de entusiasmo mientras vivamos. Sería ésta pues, según Morris, la verdadera función del arte.

A raíz de lo que hemos venido diciendo hasta aquí, resulta evidente que la pregunta ¿para qué sirve el arte? tendrá mayor o menor sentido en función de cómo aproximemos el asunto y de cuáles valores (estéticos, culturales, éticos, políticos etc.) queramos proyectar sobre lo que llamamos “obra de arte”. Se explica así el hecho de que posturas teóricas aparentemente inconciliables, como la romántico-pedagógica del “tándem” Ruskin-Morris y la decadente-hedonista del “negacionista” Wilde, puedan resultar igualmente interesantes y hasta persuasivas.  En efecto, en cada época, la cultura material de una sociedad se encuentra en una relación circular, de influencia mutua, con su cultura simbólica (su descripción, narración e interpretación). Como decía Umberto Eco: «el Arte no es Absoluto, sino una forma de actividad que entra en relación dialéctica con otras actividades, otros intereses, otros valores» (La definición del arte, 1968).

Si quisiéramos hablar del arte como herramienta para hacer algo, entonces, tal vez sería mejor definir el arte como un espejo. Un espejo en el cual reflejarnos y a través del cual interrogarnos, individual y socialmente. Siendo objetos y otros tipos de creaciones capaces de favorecer el reinicio constante de preguntas, así como de subvertir conjeturas y convenciones establecidas, las obras de arte se escapan continuamente a interpretaciones definitivas e inapelables. En este sentido, el misterioso y universal poder de seducción que encierran, deriva precisamente de su asombrosa ambigüedad y de su irreductible polisemia. En definitiva, de su capacidad de ser inútiles y fundamentales. O, que va a ser lo mismo, de servir, a la vez, para nada y para todo.

Gerardo Pérez-Puelles Bethart dice:

El Arte es necesidad de comunicación, de crear esa comunicación, … es póiesis o sea poética, siempre una propuesta individual compartida, que complacerá o no, será brillante entre las constelaciones supremas que un artista puede lograr, único, irrepetible, jamás sujeto a copia… en todo momento: una invitación a participar en el jusgo de lo que te quiere decir y dice en realidad… ¡Insustituible!

Maria Rocio Herrero Riquelme dice:

poética, brillante, irrepetible, invitación… insustituible. Gracias, Gerardo, por tu reflexión.

Angela Mit. Belu dice:

El arte es belleza , es un llamamiento a la atención de todos/as para una profunda reflexión donde la vida está parada en el mismo instante y te llaman a ti a pensar en positivo.

Maria Rocio Herrero Riquelme dice:

Gracias, Ángela

Josep Gomar dice:

Creo que el arte nos ayuda a entender quiénes somos, qué somos, cómo somos. Descubre nuestras verdaderas necesidades, miedos y aspiraciones. El arte es ese espejo al que deberíamos asomarnos más a menudo para enfrentarnos a nuestra realidad.

Maria Rocio Herrero Riquelme dice:

El arte es un espejo para enfrentarnos a nuestra realidad. Absolutamente de acuerdo, Josep. Muchas gracias

Luis Javier Mateo Acín dice:

El Arte es nuestra miríada al infinito y al concreto humano. Miríada a nuestro interior homine y mirada a nuestro exterior como especie y ser social que somos. Es el espejo donde nuestra realidad concreta se expresa de manera inefable y abstracta. Sin el Arte, el hombre, como especie, no sabría explicarse del todo, porque El Arte es la fiosofía de lo sublime.

Rocío Herrero Riquelme dice:

exacto, Luis, sin el arte, el hombre no sabría explicarse del todo. Gracias por tu comentario

Verónica Urzua Vergara dice:

Para materializar y expresar lo que vemos y sentimos pero también lo que no vemos.

Rocío Herrero Riquelme dice:

lo visible e invisible. Gracias, Verónica


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Nicola Mariani

Nicola Mariani

(Perugia, Italia, 1972) Sociólogo y crítico de arte independiente, vive y trabaja entre Madrid y Malta. Es responsable de contenido de la galería de arte online "Durán Online Gallery” y blogger oficial del "Museo Vivanco Cultura de Vino”. Colabora con la revista digital “Madriz” y el blog de "The Art Market Agency”. En 2009 ha fundado el blog www.nicolamariani.es, dedicado a la crítica de arte contemporáneo, con especial interés por el arte emergente y el panorama expositivo de la ciudad de Madrid. Puedes seguirlo en "Facebook", "Twitter", "Instagram" y "LinkedIn".

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