12/07/17 % COMENTARIOS

¿Qué es coleccionar?

Semíramis González

Licenciada en Historia del Arte

Cuando me pongo delante del ordenador a escribir este artículo, me da por teclear “coleccionismo” en Google, esperando ver qué me devuelve la búsqueda. Me sorprende la coincidencia de varios términos que se repiten: pasión, locura, ilusión, historia… Coleccionar, creo, tiene un poco de todas estas palabras y muchas otras.

El coleccionismo es acumular, adquirir, conservar, difundir, pero es mucho más; es construir el discurso de la historia actual en el futuro. En España esta cuestión ha pasado por un relato escrito a trompicones, con muchas faltas que, sin embargo, se están supliendo con publicaciones constantes sobre el tema en la última década.

Como señala la profesora María Dolores Jiménez Blanco en el cuaderno El coleccionismo de arte en España. Una aproximación desde su historia y su contexto, el coleccionismo español contemporáneo tiene un especial auge durante la Transición, aunque lo hace aún bajo la privacidad, sin destacar demasiado ni el nombre de quienes coleccionan ni las obras de las colecciones.

Sin embargo, desde 2007, con la crisis financiera y la merma de los presupuestos destinados a exposiciones pero sobre todo a adquisiciones de obras por parte de las instituciones públicas españolas, las colecciones privadas comienzan a exponerse más abiertamente y los coleccionistas pasan casi del anonimato a ser agentes destacados en el sistema del arte.

Este importante cambio resulta trascendente, especialmente si tenemos en cuenta que el hecho de que las instituciones públicas dejen de comprar supone una disminución importante en los ingresos de las galerías y de los artistas representados por estas. Es, en este momento, cuando “se pierde el miedo” a mostrarse como coleccionista privado.

Y es que coleccionar tiene una implicación directa muy importante con los contextos sociales, políticos e históricos de cada momento: coleccionar transforma no sólo a quien colecciona sino a quien mira, a quien se le compra, a quien se financia para poder seguir creando. Si bien la adquisición se lleva a cabo en un contexto privado e íntimo, la obra que pasa a formar parte de una colección (y esta a su vez, cuando se muestra públicamente, se proyecta en la comunidad) se convierte en un bien material profundamente transformador.

Las colecciones hablan de quienes coleccionan, son su retrato, son imágenes de sus pasiones, preocupaciones e incluso cambios vitales. Una colección es una definición de quien ha comprado las piezas, de quien se ha decidido por esas y no por otras. Pero esa colección también, una vez que sale del ámbito privado para mostrarse al público, transforma la sensibilidad de quien está al otro lado, de quien mira. Las colecciones modulan la apreciación que tendrá el público de la cultura misma, que es, finalmente, la suya. Aquí radica otra de las cuestiones fundamentales del coleccionismo: las obras hablan de su presente, de quienes las han creado, de quien las ha adquirido y coleccionado, pero también tienen relación directa con quien las mira y disfruta. La magia del arte es su capacidad de conexión emocional e intelectual con quien está dispuesto a sentirlo, a dejarse impregnar por lo sensible, por lo infraleve que desprende una obra ante la que nos situamos y miramos…

No es esta una visión idealista de la cuestión ni mucho menos. En el mismo texto, Jiménez Blanco hace alusión a Alfred H. Barr Jr. cuando este pasó a ser el primer director del MOMA de Nueva York, entonces “una ciudad culturalmente provinciana”, y que se convirtió en lo que es hoy gracias al esfuerzo y la convicción de Barr de que visitar arte y contemplar las obras suponía (trans) formar al espectador. Nueva York, ya sabemos, se convertiría en “el nuevo París”, el nuevo centro artístico mundial.

El coleccionismo abarca una dimensión incuestionable y es la que tiene que ver con su sentido social, capaz de cambiar no sólo a los agentes más directos (artistas, galeristas… es decir, el mercado) sino en una visión más amplia, a todo un contexto social, capaz de valorar como propias aquellas obras que puede ver, observar, disfrutar, y que son el testigo visual de su tiempo.


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Semíramis González

Semíramis González

Es licenciada en Historia del Arte y ha cursado el Máster en Historia del Arte Contemporáneo y Cultura Visual en la Universidad Complutense.

Con su blog “Semíramis en Babilonia” ha participado en el proyecto ARCO Bloggers y en el blog de LABoral Centro de Arte”.

Ha comisariado proyectos como la colectiva de artistas emergentes "La New Fair" en La New Gallery (Madrid), "Lo que no queremos ver" de Ruth Montiel Arias en Galería Cero (Madrid), “Cabestro” de Carol Caicedo en El Cuarto de Invitados, o “En lo salvaje” en el Centro de Arte de Alcobendas, entre otras. Ha coordinado el blog del Proyecto Museu de Museu Es Baluard y ha sido visionadora en la Semana de Descubrimientos PHotoEspaña y en SCAN Tarragona (Festival Internacional de Fotografía). Ha participado en mesas redondas en ForoSur Cáceres, en el Centro Atlántico de Arte Moderno (CAAM), en Casa de América, la Casa Encendida o en Arte Santander.  Recientemente ha sido nombrada, junto a Daniel Silvo,  comisaria de la feria de arte emergente JustMAD.


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