27/09/17 % COMENTARIOS

¿Qué es (realmente) coleccionar?

María Sánchez García

Doctora en Bellas Artes

Nicholas Nixon

Exposición Nicholas Nixon
Sala Fundación MAPFRE Bárbara de Braganza
De las obras: © Nicholas Nixon. Cortesía Fraenkel Gallery, San Francisco

Desde los pines que guardamos en los tableros de Pinterest, los imanes de los países que visitamos en la puerta del frigorífico o las pulseras de los festivales veraniegos a los que asistimos, todo forma parte de alguna de las acepciones del verbo coleccionar. Pero qué es realmente coleccionar. Cualquiera podría acertar con el resultado principal de la RAE: “hacer colección de algo”, pero aquí comienza este cruce de caminos. No podemos hablar del verbo coleccionar obviando en nuestra ruta los términos colección y coleccionista. Pregunto de nuevo a los académicos el significado de la palabra “colección”: conjunto ordenado de cosas, por lo común de una misma clase y reunidas por su especial interés o valor. Colección de escritos, de medallas, de mapas. De esta primera definición podría deducirse que el orden y el valor (o interés) son los factores que diferencian cualquier cajón de sastre de una auténtica colección.

Más allá del origen etimológico de las palabras me parece oportuno buscar ejemplos reales que ilustren la pregunta inicial que da título al texto. Podría entonces citar las Colecciones Reales de Patrimonio Nacional, las colecciones de la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre o la colección de abanicos del Museo Municipal del Romanticismo, pero seguiría sin resolver mis dudas. Cuantas más colecciones menciono más importancia toma otro término en esta lista: tipología. Hablamos ahora de la importancia de los diferentes tipos de colección. Inevitablemente acabo relacionando los tipos de colección con los motivos o intereses que hay detrás de las vitrinas, de las cajas, de los estantes. Muchos hablan del coleccionismo como un hobby, como una pasión, como un entretenimiento. En palabras de Walter Benjamin, toda pasión limita con lo caótico, pero la pasión del coleccionista limita con el caos de los recuerdos. Y no seré yo quien relacione aquí las anteriores instituciones con el desorden. La colección, el coleccionismo, enriquece su importancia si además podemos hablar de un afán de conservación, recuperación y difusión del patrimonio.

Me pregunto quién es el responsable de este interés de preservar objetos de valor de manera ordenada y en qué momento decide mostrarlos públicamente o guardarlos en el fondo de una cámara acorazada.

Coleccionismo público o coleccionismo privado. Dentro del primer grupo quiero creer que entienden el mensaje, que comprenden la importancia de preservar nuestro legado histórico, de enriquecer nuestro patrimonio adquiriendo obras maestras y de apostar por nuevas oportunidades. Pero en este contexto tan incierto observo cómo los coleccionistas privados parecen mucho más aventajados y con menor conflicto de intereses. Aunque desconozco el nivel de frustración del que siglos atrás ya hablaba Baudrillard, me pregunto entonces si veríamos el momento en el que dialogasen entre ellos con mayor frecuencia. Si los dirigentes serían capaces de desarrollar acciones que favoreciesen de manera sostenida la exhibición pública de las obras de aquellos que han desarrollado sus pasiones con un ímpetu más personal. Si de esta forma se podría contribuir a la consolidación del imaginario cultural de nuestro país aun viviendo en tiempos tan inciertos.

Pensando en la importancia de cualquier colección, no puedo evitar preguntarme también si es una cuestión de límites lo que puede potenciar su valor o no. Es el final de la colección lo que aporta valor añadido o es el objetivo de completarla lo que potencia su interés. Y quién sino el coleccionista es quien tiene el tiempo y la dedicación para terminar o dar por finalizada su colección. Volviendo a Benjamin qué razón tenía mientras desembalaba su biblioteca exclamando “¡Qué dicha la del coleccionista, la del hombre con tiempo!”.

Coleccionar, colección, coleccionista, tipos de colección, conservación, pasión, colección finalizada, tiempo… ¿en pleno siglo XXI y aún no he nombrado los intereses económicos? Partiendo de las buenas intenciones generales por comenzar y mantener una colección, el verbo lleva siglos asociado directamente al mercado, algo que no es negativo ni le resta valor, aunque muchos quieran seguir inocentemente pensando en las actividades filantrópicas de sus ídolos.

Tiempo y dinero, dinero y tiempo. Frente a las palabras del filósofo alemán podríamos añadir las del coleccionista norteamericano Eli Broad, que hace años declaraba en una conversación con Adam Lindemann: “No vemos el arte como una inversión. Es una inversión en el tiempo”. Parece ser que la experiencia de coleccionar arte contemporáneo —junto a la controversia que a veces ha ensombrecido sus fundaciones— ha ayudado al matrimonio Broad a definir desde su perspectiva empresarial el coleccionismo como una nueva droga, que por supuesto intuyo que será de diseño. “Si quieres ser un coleccionista tienes que invertir tiempo. No es solo una cuestión de dinero, sino de aprender, conocer artistas jóvenes, leer y pasar horas en museos, galerías y ferias de arte. Pronto coleccionar se convertirá en una adicción”.

Por supuesto que no le quito razón, pero también habrá que añadir muchos ceros a las cifras que acompañen ese camino fascinante. Difícilmente se encuentran ejemplos serios de pequeñas colecciones humildes que merezcan grandes alabanzas. ¿Nos gana una vez más el pulso la globalización?


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María Sánchez García

María Sánchez García

Guadalajara, 1985. Doctora en Bellas Artes con su tesis sobre "El uso de las redes sociales en la gestión de proyectos socioculturales. Tres casos prácticos" (Madrid, 2016). Profesional internacional del tercer sector, gestora cultural, investigadora y ponente habitual en conferencias y cursos especializados. Experta en comunicación, promoción y difusión de iniciativas artístico-culturales. Asesora de proyectos.

En 2014 desde Ucrania lanzó la campaña "#SaveGenderMuseum" para salvar del cierre inminente al único museo de género de Europa del este. En otoño de 2017 saldrá a la luz VONA/SHE, el primer videojuego para un museo de género, proyecto que ha coordinado y realizado con ayuda del estudio Gammera Nest y el Gender Culture Centre de Járkiv. En la actualidad es Coordinadora del Consorcio de Galerías españolas de Arte Contemporáneo.

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