13/09/17 % COMENTARIOS

Chicago. Robert Frank

Nicola Mariani

Robert Frank

Robert Frank
Chicago, 1956
Gelatina de plata
© Courtesy Pace/MacGill Gallery, New York
© Colecciones Fundación MAPFRE

«Ahora se puede fotografiar cualquier cosa», dijo una vez Robert Frank (Zúrich, Suiza, 1924). Esta frase, que Susan Sontag incluye en el apéndice “Breve antología de citas”, que cierra una de sus obras más conocidas, Sobre la fotografía (1973), suena muy moderna en la época actual. Una época en la que, a raíz de avances tecnológicos enormes y de una difusión masiva, sin precedentes, de la cultura visual, ya no solo podemos fotografiar, sino videograbar y compartir online o transmitir en streaming, en tiempo real, a cualquier lugar del planeta, cualquier cosa que tengamos al alcance de nuestra vista. Una época que el filósofo italiano Giovanni Sartori ha definido, con una imagen literaria muy potente, como una nueva era poblada por el tipo antropológico del homo videns, que estaría remplazando progresivamente el homo sapiens (Homo Videns, 1997).

En el volumen ya mencionado, la misma Sontag anticipó con gran sensibilidad la posición de supremacía que acabaría teniendo la imagen dentro de la sociedad contemporánea y que Sartori analizó en su ensayo. Escribió Sontag: «La necesidad de confirmar la realidad y dilatar la experiencia mediante fotografías es un consumismo estético al que hoy todos son adictos. Las sociedades industriales transforman a sus ciudadanos en yonquis de imágenes (…). No sería erróneo hablar de una compulsión a fotografiar: a transformar la experiencia misma en una manera de ver» (p. 33).

Ahora podemos fotografiar cualquier cosa, como dijo Robert Frank. Sin embargo, esta afirmación, que hoy nos suena casi como una obviedad, hace poco más de medio siglo, era algo inaceptable y escandaloso. Y con escándalo es precisamente cómo se recibió la obra de Frank, al principio, en Estados Unidos. Centrada en el intuito; el impulso; la emoción; la frescura de encuadres extraños e imprevisibles; la presencia de temas cotidianos y aparentemente insignificantes, la fotografía de Frank anticipa en cierto modo la liquidación de las “grandes narraciones” intelectuales y artísticas.

La fotografía que Robert Frank empezó a realizar a mediados de los años cincuenta (una vez abandonada la profesión de fotógrafo de moda, para dedicarse a un trabajo mucho más personal) revolucionó el concepto de reportaje fotográfico. Su manera peculiar de utilizar el lenguaje visual sentó las bases de una fotografía de calle ambigua y polisémica, que se distanciaba de la documentación objetiva y que llamaba en causa la interpretación subjetiva del espectador. La mirada de Frank, en este sentido, es un modo nuevo de ver a través de la fotografía. Es una ruptura de la visión, que Edoardo Momeñe define como «una revolución del pensamiento expresado en imágenes» (La visión fotográfica, 2007).

A partir de una concepción nueva de la labor del fotógrafo, como sujeto que interpreta lo que ve, y del medio fotográfico, como herramienta para conocer y transformar la realidad, Frank focaliza su atención sobre un mundo de emociones y de significados que viven detrás de la fachada oficial y que son dignas de ser fotografiadas, más allá de los temas tradicionales y las reglas formales de la fotografía. Subjetividad, polisemia, ambigüedad, ruptura de la mirada son elementos típicos de la obra de Frank y están magistralmente plasmados en la foto Chicago (fechada 1956) que forma parte de la Colección de Fotografía de Fundación MAPFRE.

La composición de esta imagen está partida en dos secciones horizontales, de dimensiones más o menos equivalentes. Dichas secciones constituyen dos ventanas semánticas: dos universos, aparentemente ligados entre sí, pero finalmente distintos, donde se desarrollan dos narraciones diferentes. En la mitad superior se desarrolla una narración histórica, ubicada en un contexto bien definido, con un tiempo claramente reconocible. Esta narración nos habla de la sociedad norteamericana, que, salida ganadora de la Segunda Guerra Mundial, se encuentra en una fase de plena expansión. Son, los años cincuenta, años del triunfo de la sociedad de masas: años del boom económico, del culto del progreso y del consumo serial. A la vez que la describe, esta fotografía expresa también una crítica subjetiva de la sociedad que representa. De hecho, si por un lado la que vemos es la captura instantánea del efervescente ambiente de trabajo, en la oficina de una compañía telefónica, por otro lado lo que llama la atención aquí, además del dinamismo congelado en el documento, es la alienación de las empleadas retratadas. Vestidas con la misma uniforme, como si de un pequeño ejército se tratara, estas mujeres desempeñan sus tareas cotidianas en espacios muy restringidos y parecen todas idénticas e intercambiables.

La narración crítico-documental, desarrollada en la parte superior de la imagen, se encuentra bruscamente interrumpida por un elemento geométrico que, aun formando parte de la decoración de la oficina, en realidad, como si fuese una especie de trinchera, separa dos mundos muy distintos. El efecto perturbador que este elemento determina, implica una inevitable ruptura de la visión e introduce otro tipo de narración, que ya no es histórica, sino meramente poética. Una narración que contrasta con la ebullición de la parte superior y que despierta la subjetividad del espectador, generando preguntas. A la vez que separa y obstruye, este elemento, abstracto y minimalista, abre automáticamente una ventana hacia un horizonte interior. Esto es, hacia otro tipo de tiempo: el tiempo psicológico de la vivencia íntima individual. Marcando una vía de fuga ideal hacia una dimensión de sosiego, esta parte de la imagen invita al silencio, al reposo de la mirada y a la reflexión. ¿Acaso esta banda horizontal de madera, que ocupa toda la mitad inferior de la fotografía, no nos podría recordar a un campo de color, de forma rectangular, típico de las pinturas que Mark Rothko empezó a realizar a comienzos de los años cincuenta?

Es precisamente en este extraordinario dualismo formal y semántico – entre la parte superior y la parte inferior de la fotografía; entre lo descriptivo y lo poético; entre lo social y lo íntimo – que reside la emocionante profundidad de la mirada “nueva” de Frank y de esta fotografía en particular.  Un fotografía que nos habla, a la vez que nos interroga, sobre la Historia y sobre las historias, sobre los otros y sobre nosotros.


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Nicola Mariani

Nicola Mariani

(Perugia, Italia, 1972) Sociólogo y crítico de arte independiente, vive y trabaja entre Madrid y Malta. Es responsable de contenido de la galería de arte online "Durán Online Gallery” y blogger oficial del "Museo Vivanco Cultura de Vino”. Colabora con la revista digital “Madriz” y el blog de "The Art Market Agency”. En 2009 ha fundado el blog www.nicolamariani.es, dedicado a la crítica de arte contemporáneo, con especial interés por el arte emergente y el panorama expositivo de la ciudad de Madrid. Puedes seguirlo en "Facebook", "Twitter", "Instagram" y "LinkedIn".

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